Leyenda de Apaseo el Alto: Gregorio sin cabeza

April 24, 2018

 

Una de las leyendas más contandas en Apaseo el Alto, es la de "Gregorio sin cabeza".

 

 

Se trata de un bandido que vivió hace muchísimos años (fines del siglo XVIII y principios del XIX) cuando el pueblo recién estaba surgiendo, y aquí era conocido solamente como un lugar de paso, entre la Guanajuato (capital del Estado y los demás estados del norte) y la Ciudad de México (capital del país) o Valladolid, (hoy Morelia) o Veracruz (principal puerto del país de ese entonces).  

 

La leyenda cuenta que éste personaje se llamaba Gregorio Paredes, y que era un asaltante que se ocultaba en los caminos de Apaseo el Alto.

 

Se dice que Gregorio era descendiente indio o mestizo, y que no le temblaba el pulso para matar a sus víctimas.

 

También dicen que él prefería atacar en la noche a los transportistas de las minas que venían de Guanajuato y otros estados que están más al norte, con carretas de oro y plata. En esa época, los viajes duraban muchos días, y muchas veces tocaba pasar de noche por Apaseo el Alto, lo cual era muy propicio para Gregorio Paredes.

 

Él cabalgaba por el antiguo Camino Real (hoy calle Benito Juárez) o la antigua calle del Diezmo (Insurgentes) rumbo a la plaza principal (hoy Jardín principal de Apaseo el Alto).

 

Después se escapaba por los caminos que llevaban a Los Ates, o transitaba por El Rejalgar, el Cedazo y  La Cañada, cruzando los arroyos de la zona. Dicen que se escondía en las cuevas que existen en Los Ates, El Chilarillo, La Barranquilla, y el El Talayote.

 

Según lo que creen algunos,  Gregorio repartía algo de lo que robaba entre los más pobres, como una especie de Robin Hood, pero que el resto de los tesoros que obtenía, lo llevaba a alguno de esos lugares donde se escondía: ya sean joyas, monedas antiguas, oro y plata.

 

Cuando al fin lo atraparon, gracias a una emboscada de los soldados que se escondieron en un carruaje y entre la vegetación de la zona, le quisieron obligar a que dijera dónde guardaba todo lo que había robado a cambio de perdonarle su vida, pero que como no dijo nada, entonces le mataron, y arrastraron por las calles del pueblo, quedando así sin cabeza.

 

Así fue como se hizo leyenda, y agregan que, cuando él murió, las campanas de una iglesia repicaron sin que nadie las tocara, y que en las madrugadas de lluvias intensas, entre los destellos de los relámpagos se veía a un jinete sin cabeza, que después desaparecía.

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