Homenaje al soñador de la Música de Apaseo el Alto

July 7, 2018

Don Julio González Galván fue una eminencia en la música local. Nació en Apaseo el Alto, Guanajuato, el 20 de diciembre de 1907, y falleció en el año 1997. Fue hijo de Lino González y María Galván. Vivió hasta los 90 años y compuso música hasta los 75 años de edad. Comenzó en la música desde muy niño, siendo su maestro materno, don Pánfilo Galván.

 

A los 16 años se fue a la ciudad de Guanajuato, logrando posicionarse en la banda de Guanajuato, y posteriormente, como solista de la organización.

 

Regresó a su pueblo en 1929, y al año siguiente, formó la banda musical más grande que se tuvo en la Historia de Apaseo el Alto, todos ellos con uniformes al estilo militar. Además de la banda de Apaseo el Alto, también integró y dirigió la banda del Sindicato de trabajadores ferrocarrileros de Acámbaro, Guanajuato (1942-1944). Una banda musical infantil y juvenil de Tierra Blanca, Gto. (153-1956), y lo mismo hizo en Santiago Maravatío (1963-1978), así como también dirigió la banda de música de Celaya (1962-1963), entre otras.

 

Además de músico, también arreglaba instrumentos musicales, y construyó un saxofón aquí en Apaseo el Alto, siendo éste el primer saxofón construido en la ciudad, y posiblemente en toda la República Mexicana.

 

Don Julio sabía ejecutar todos los instrumentos, pero su instrumento favorito era el trombón, era un gran trompetista.

 

Entrevista a su hijo,  Manuel González

 

 

En una entrevista con su hijo, el ingeniero Manuel González, nos comentó que su padre compuso entre 300 y 350 obras musicales, de las cuáles se conservan en su poder, unas 150 obras. Lamentablemente las otras se perdieron, puesto que cuando don Julio componía una obra -por ejemplo- que ejecutara el clarinete, le entregaba al músico dicha pieza, sin quedarse con el original.

 

La fama de don Julio González Galván creció mucho en la región, y era llamado para dirigir las bandas de las regiones cercanas.

 

En Apaseo el Alto, tocaba con la banda del pueblo en el Templo Sagrado Corazón de Jesús, donde el cura Joaquín Soto Armenta le pedía que tocara lo que sea, mientras que fueran obras suyas.

 

Escribió cuatro oberturas, y según su hijo, fue el único mexicano que escribió oberturas, por la dificultad que ésto acarrea. pero también fue reconocido por escribir la marcha “Viva Apaseo el Alto”, “Ruth”, “Oliva”, “Reina Mexicana”, entre otras. De todas éstas, Oliva fue la más destacada, e inclusive varios músicos de su banda, le pusieron dicho nombre a sus hijas.

 

Lo que más le gustaba a él, eran los valses y las oberturas, pero también hizo polkas y hasta chotis, como “Gloria” (disco 1) que compuso en honor a su nuera (esposa de don Manuel), porque no le había dado regalo de boda, y un vals llamado “Crepúsculo de la tarde” (disco 4), en honor a su padre, quien falleció en un atardecer. También escribió una marcha dedicada a Joaquin Soto Armenta, cuya obra lleva el nombre del cura (disco 4).

 

Registros

 

Don Manuel González siente que quedó pendiente registrar a su nombre todas las obras que compuso, pero ya no puede hacer nada, y eso solamente podría hacer alguna autoridad local o el mismo gobernador.

 

Entre las obras que pudo registrar, están “Carmelita” y “La Leyenda”. Sin embargo, la famosa “Indita mía” que también compuso don Julio González Galván, no pudo registrarla porque su padre no había dejado testamento. Sin embargo, en la oficina de registros le ofrecieron registrar dicha obra a nombre del hijo, don Manuel, pero éste no quiso, porque consideraba que eso sería un robo.

 

El músico soñador

 

Una vez su hijo Manuel le preguntó cómo le hacía para escribir esas obras tan bellas, y su padre solamente le respondió: “Las sueño”. En las noches las soñaba, y al otro día se levantaba a escribir dichas obras, cuyas melodías todavía suenan en algunas bandas de la región, como la banda de Celaya que le hizo un reconocimiento.

 

Un día, ya anciano, le confesó a su hijo Manuel que soñó la música más hermosa que había oído y escrito, pero por la edad que ya tenía en ese entonces, dijo que ya no podía escribirla, y que no se animaba a hacerlo porque era demasiada música y tenía miedo a no recordarla toda. Tal vez era una música angelical que sólo él podía soñarla, como el vals “Voz Divina” que compuso para honrarle a Dios. 

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